19 añotes celebró el PRD el pasado 6 de mayo, y como sucede en los cumpleaños, festejaron. Algunos podrían preguntar, si es que hay algo que festejar cuando el partido se encuentra en la que han llamado la peor crisis de su historia, si así se piensa, tal vez estemos olvidando el verdadero motivo de las celebraciones de cumpleaños, la vida: logros, fracasos, penas y alegrías.
A lo largo de casi 20 años, muchos son los retos que ha enfrentado el partido y que en un balance general han sido resueltos satisfactoriamente, lográndo colocarse como la segunda fuerza política del país. Sin embargo, la diligencia interna del PRD enfrenta hoy, una profunda problemática en la que valdría la pena detenerse.
La impopularidad del PRD deviene con mayor fuerza después de la derrota por la elección presidencial del 2006. Medio punto porcentual otorgó la victoria a Felipe Calderón, y al PRD una razón para realizar importantes movilizaciones políticas que tal parece sólo lo perjudicaron (a pesar de no ser esta la primera vez que declaran un fraude electoral), ya en el año siguiente registró una baja considerable en las cantidades de votos obtenidos.
Este desencanto se manifiesta incluso en aquellos quienes habían optado por el PRD como opción, y se acentúa aún más en la geografía política, donde el norte parece más adverso que nunca al partido y los estados del resto del país que antes lo favorecían han modificado sus tendencias ¿y el Distrito Federal? El Distrito continúa siendo perredista.
La crisis por la que transita el partido cuenta con dos principales fuerzas que no logran conciliarse, y que entre otras muchas consecuencias tiene como resultado el hecho de que aún no se ha podido completar el proceso de elección de dirigente.
El PRD para México más que un grupo político, ha representado figuras políticas: Cuauhtémoc Cárdenas, Andrés Manuel López Obrador, Marcelo Ebrad, Alejandro Encinas y Jesús Ortega, son algunas de las piezas claves. De aquí se entiende el poder que cada una de estas figuras representa al momento de deliberar.
Las diferencias se hicieron evidentes en las dos fiestas realizadas para conmemorar un año más de vida. Por un lado la Izquierda Unida (IU) con Alejandro Encinas y Andrés Manuel López Obrador, opta por una celebración sobria; y por el otro la Nueva Izquierda encabezada por Jesús Ortega brinda una gran fiesta. Ambos lanzaron declaraciones contra sus adversarios, pero al final se manifestaron por la reunificación.
Debemos estar atentos de la manera en la que el partido finalemente resolverá esta problemática, cuales serán sus planteamientos para consolidarse como partido y poder contender con una posición estable en futuras elecciones. Queda claro que un partido fracturado no es una opción política para un país como el nuestro, pero también conocemos la experiencia del PRD para hacer de las fracturas un punto a su favor.